lunes, 8 de octubre de 2007

Instantes PasajEros

Yo miraba la ventana y no entendía lo que afuera sucedía en silencio.

Tú ahí con gestos tristes pero no, desvistiéndote a destiempo, deshojándote y dejando ver hasta el alma. Tus ojos púrpura reflejados en el miedo de que mis poemas vayan llorándote la triste función que comienza con un final inmediatamente impredecible. Con calma yo también voy formando parte de tu profundo ser.

La temperatura. No quiero hablar de ella sino de su efecto en tu cuello ahora bañado por besos y sudor tímido con una lluvia de dinamita plateada bajando a tus pechos efímeros y vivos con estampillas postales de miradas penetrando a los pulmones. María presente en tus mejillas casi sangradas, Sofía en tu espalda infinita que recorro con la punta de la lengua como haría un auto en la carretera si es que el conductor va a buscar a la mujer de sus sueños.

Mi dedo índice es un desfile de reflejos al pasar por tus aristas desdoblando cada poro que se enchina cuando el viento frío hace lo suyo en una capa de oxígeno filtrado en tus pezones rosas y erectos, poblados de una mezcla entre zozobra, pasión, sudor, cielo, mundo, amor y búsqueda eternas por los siglos de los siglos santos Amén.

La luna tiene angustia de marchitarse y dejar de abastecer de luz cada centímetro cuadrado que absurdamente intentan mis ojos delimitar. Apenas puedo notar una diezmilésima parte de aquello que toco y siento, eso que muestras más allá de los barrotes morales y pudorosos. Aquí se trata de pasión y arte, el choque de los mundos por medio de los cuerpos al mando de las caricias en una fracción de segundo. Esta parte de la vida es la más instantánea.

Tus dedos se aferran a mí, me tienen preso y me siento libre como nunca, hasta podría correr dentro de ti y liberarme de los miedos, de la duda, de las ciencias exactas que buscan absurdamente comprobarte, responder quién eres ahí debajo, con los ojos mirando tu interior y las piernas tan al cielo que mi ignorancia no tenga la capacidad de dar por hecho. Intento imaginar qué rol te dio el mundo para estar ahora aquí, tan pálida e imperial. Pero no respondas por favor, no contaminemos el delicado silencio con dolorosas tumbas amarillas de palabras. Que la saliva tibia ordene los actos y nos dejemos llevar por la marea. Deja que la resaca te absorba hasta el fondo y que nunca exista el infortunio de un final.

En este momento tan delicado soy la envidia de los difuntos que dicen estar vivos y son estatuas, de los amores bienportados y aburridos, de los clérigos, de los dioses miniatura, de la muchedumbre conformista, de los camellos, de los desafortunados como tú que no pueden estar en mi lugar, en este espacio y tiempo cíclico, en este paraíso miniatura, en este panorama de muerte, en esta visión efímera de la vida, en este claroscuro manchado de amor.

Detengo el tiempo en tu ecuador, ese centro exacto de la luna tan breve como un jaikú, como el sueño de Chuang-Tzu, pero sísmico, un rabo de nube apocalíptico, un breve preludio para un final... porque al final y luego del encuentro de dos mundos en la misma dimensión, en medio de aquel par de atajos al edén, está el laberinto lleno de salidas, poblado de puertas de las que uno no quiere salir. Como viajar con boleto de ida, quemar las naves, quedarse a vivir, a soñar eternamente, a leer un poema en el epicentro y a la mitad de un final del cual n o me acuerdo (no por falta de memoria sino por ausencia de un principio inmaduro e incoherente más triste que mirar a la luna desde una tumba sin nombre)... el final tiene toque de humedad y pasión, el final baja por tu cuerpo como lágrima llena de sentimientos prófugos y al final de todo, empieza la batalla contra la vida cotidiana y la luz del día con el recuerdo del amor.

México, Tenochtitlan
Adolfo Ramírez

1 comentario:

ItoCuaz dijo...

Adolfo, me da mucho gusto ver que estás buscando nuevos horizontes en la prosa... Uno nunca deja de aprender, de intentar. Escribes en prosa pero no puedes desafanarte de tu talento poético, cada frase es una imágen que deja ávido al lector, y eso es fantástico.
Sin embargo, tengo que hacerte una recomendación, igual que a Laurita, cuida mucho tu puntuación. Si bien en verso la puntuación vale para pura madre(algo que no he comprendido bien, ya ves que precisamente por mi puntuación mis poemas parecen acartonados y burdos; no siguen ciclos ni se desenvuelven en espirales) pero en prosa la puntuación es la que marca la voz del narrador, de los personajes y las pautas que va siguiendo el lector. Por un uso correcto de la puntuación puedes hacer de una frase un doble sentido, por ejemplo:

"Yo miraba la ventana y no entendía lo que afuera sucedía en silencio".

Ahora, pon una coma antes de silencio y verás que el sentido de la frase cambia totalmente... El lector se despista y comienza a adivinar.

Por otro lado... Yo no puedo decirte ni enseñarte cómo puntuar, cada quien puntua como le venga en gana. Lo que si puedo decirte es que no puedes tener frases tan largas... Si a esas frases le aplicas una correcta puntuación podrás elevar sus sentidos a la "n" potencia!!!!!!

"Tus ojos púrpura reflejados en el miedo de que mis poemas vayan llorándote la triste función que comienza con un final inmediatamente impredecible"

"Mi dedo índice es un desfile de reflejos al pasar por tus aristas desdoblando cada poro que se enchina cuando el viento frío hace lo suyo en una capa de oxígeno filtrado en tus pezones rosas y erectos"

Intentalo... Verás que la voz de tu texto mejora aún más! Un abrazo!